Capítulo 2. Era Primaria


6. La catástrofe del Permo-Trías (P/T).

 

Hace unos 250 millones de años, en la transición del Paleozoico al Mesozoico, tuvo lugar uno de los desastres ecológicos más duros que ha sufrido el planeta, la catástrofe P/T (así llamada por haber tenido lugar entre el Pérmico, último período del Paleozoico, y el Triásico, primer período del Mesozoico). Desaparecieron en unos pocos miles de años el 85 % de las especies marinas, entre ellas los trilobites, y el 70 % de los vertebrados terrestres. Hasta los insectos se extinguieron casi por completo.


El colapso de la productividad biológica en los mares ocurrió en paralelo con el desastre ecológico en los continentes (Ward, 2000).


Las teorías sobre las causas de la catástrofe son variadas, pero las más tenidas en cuenta son dos: el choque de un asteroide y las erupciones volcánicas masivas. A ellas se añade la de la posible disminución de oxígeno.



Un asteroide


La hipótesis de la caída de un bólido extraterrestre es avalada por los que creen que el acontecimiento fue rápido. Algunos especialistas del período, tras un estudio detallado del límite estratigráfico al que llegan cientos de especies marinas que comprenden peces y foraminíferos, reducen el tiempo del desastre incluso a un único y fatal día. Trazas de helio, neon y argon, enjauladas dentro de moléculas de fulerenos (moléculas esféricas de origen extraterrestre compuestas por decenas o centenas de átomos de carbono), tienen además una composición isotópica semejante a la encontrada en las muestras de esos gases contenidos en meteoritos (Becker, 2001). Otros hallazgos de ciertos fragmentos meteoríticos en la Antártida se relacionan también con este impacto (Basu, 2003). Recientemente se ha encontrado en la plataforma costera de Australia, en Bedout High, una estructura geológica de aquella época que puede corresponder al cráter abierto por la caída de un gran asteroide (Becker, 2004).



Volcanes en Siberia


Otra teoría es que la extinción biológica la produjese un brusco cambio climático motivado por las masivas erupciones volcánicas que acontecieron en Siberia. Enormes extensiones de plataformas basálticas (Siberian Traps) datan de esta época (Reichow, 2002). Por las grietas de la corteza terrestre, junto a las gigantescas coladas de lava, se habrían escapado gases magmáticos que habrían afectado a la composición química de la atmósfera.


Los efectos desastrosos pudieron ser de diferentes tipos. Los compuestos de azufre y de carbono, combinados con el vapor de agua atmosférico, pudieron provocar lluvias de ácido sulfúrico y carbónico que envenenasen la vegetación marina y continental. Además, las erupciones volcánicas pudieron provocar cambios térmicos violentos difíciles de soportar. Una secuencia posible, sería la siguiente. Al principio el clima se enfriaría bruscamente debido a la oscuridad provocada por el polvo y por las nubes sulfatadas, producto del SO2 volcánico. Seguidamente, tras la sedimentación de estas partículas de polvo, de los sulfatos y demás aerosoles, la atmósfera se aclararía y se registraría un calentamiento brusco, debido al efecto invernadero causado por la alta cantidad de CO2, también arrojado por los volcanes, el cual permanecería en el aire durante mucho más tiempo todavía. La descongelación de vastas extensiones de permafrost en Siberia pudo además añadir metano a la atmósfera, reforzando el efecto invernadero (Dorritie, 2002).



Fig. El efecto climático de las erupciones volcánicas que arrojan SO2 y CO2 a la atmósfera es complejo. El dióxido de azufre (SO2) se oxida a SO3 y acaba formando gotitas de ácido sulfúrico (H2SO4) que amarillean y oscurecen el cielo, haciendo sombra y enfriando la superficie. Por el contrario, el dióxido de carbono (CO2) es transparente a la luz solar (flechas amarillas) pero opaco a la radiación infrarroja terrestre (flechas rojas), por lo que calienta el aire y la superficie.



Disminución del oxígeno


Finalmente hay quien cree que la extinción no fue tan rápida y se debió a una caída muy importante de la concentración de oxígeno en la atmósfera. Según Berner bajó del 35 % de comienzos del Pérmico al 15% al final del período (Berner, 1999). Esto restringió mucho la extensión de las zonas habitables ya que la reducida presión parcial de oxígeno por encima de unos pocos centenares de metros de altitud hacía la vida inviable para numerosas especies (Huey, 2005).


Después de esta extinción masiva transcurrieron unos 3 o 4 millones de años de gran inestabilidad biológica. Así lo atestiguan las importantes anomalías, positivas y negativas, que afectaron al isótopo pesado del carbono, el carbono-13. Quizás las anomalías positivas se debían a períodos con fuerte enterramiento de carbono orgánico (pobre en carbono-13)  en algunas zonas tropicales, lo cual hacía aumentar la proporción de carbono-13 en los océanos y, de paso, la proporción de carbono-13 en los sedimentos de carbonatos marinos inorgánicos. Por el contrario, las anomalías negativas podían ser debidas a extrusiones de gas metano, cuyo carbono es pobre en carbono-13, o bien a épocas de muy bajo ritmo de enterramiento orgánico (Payne, 2004).


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