Esta es la cuarta parte de una serie sobre Antropología filosófica desde la perspectiva de la Filosofía Clásica cuya primera parte pueden leer aquí. su segunda aquí y su tercera aquí.
¿Qué tipo de animal es el humano?
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“... los humanos (...) estamos dotados de tejidos celulares muy diferenciados y especializados que incluyen músculos, que pueden contraerse para controlar el movimiento, y un sistema nervioso, que envía y procesa señales. La ciencia nos dirá también que somos eumetazoos...”
Así podemos seguir averiguando muchas cosas sobre el humano –ayudados por las ciencias particulares– que lo posicionan en el reino animal, hasta que nos convirtamos en consumados Doctores en antropología biológica, pero no es esa la pretensión de estos artículos. Bástenos saber que los conocimientos científicos sobre el humano –lejos de contradecirlos– no hacen sino confirmar –cada vez con mayor claridad– nuestros conocimientos naturales sobre el hecho de que es un animal.
Pero continuemos con nuestro ejercicio de razón.

Reitero: siendo “animal” el género del humano, ¿Cuál es su diferencia específica? O, dicho como lo planteé arriba: ¿Qué distingue sustancialmente a los humanos del resto de especies del Reino Animal? ¿Qué hacemos nosotros que los demás animales definitivamente no pueden hacer?
Logos: Lenguaje y raciocinio, efecto y causa

Podría decirse, con cierto riesgo a extraviarse, que lo que distingue al humano del resto de animales es su evidente y obvia capacidad de hablar, de producir lenguaje. Y digo riesgo de extraviarse pues el lenguaje es sólo un efecto propio, no la causa. La causa de que el humano tenga lenguaje es su capacidad intelectiva, su habilidad para elaborar conceptos. Es decir que –más propiamente– puede decirse que lo que distingue al humano de los animales es su inteligencia.
Este entramado forjado entre el lenguaje hecho para comunicarse con otros y el raciocinio, es el que permitía a los filósofos griegos referirse a él con el término clásico de λόγος (Logos) que significa, englobándolos, a los conceptos de palabra, discurso y racionalidad. Regresaremos a analizar someramente las relaciones entre el lenguaje (las palabras) los conceptos y la realidad en otro artículo
Digamos entonces que el humano es un animal racional (animal es su género, racional es su diferencia específica). Ésta es la naturaleza humana: un animal racional. Y –debo reiterarlo– eso no es un “dato provisorio”, no es un “postulado provisional” como sugiere equivocadamente Karl Popper partiendo de los presupuestos gnoseológicos Kantianos y de los de Hume. Es un concepto verdadero, cierto y universal aplicable a todos los individuos de esa especie, hasta a aquellos que no hemos visto. No es una conjetura: es una verdad (sujeta a contradicción, por supuesto: soy todo oídos para los argumentos serios que tengan por objeto demostrar que el humano no es racional y a los razonamientos tendientes a demostrar que el ser humano no tiene lenguaje como algo propio de su naturaleza específica).
La naturaleza humana, perenne y universal

La Naturaleza humana (el ser animal racional) es perenne y universal. Si bien es cierto que, a lo largo de la historia, las circunstancias accidentales de los humanos nombrados en el párrafo anterior han cambiado dramáticamente, eso no afecta el que hayan sido plenamente animales racionales. Y no sólo cambian las circunstancias accidentales de los animales racionales a lo largo de la Historia (costumbres, gustos, sensibilidades), sino también a lo largo de sus propias vidas: los animales racionales (en virtud de su inteligencia, de su logos), a diferencia de los otros animales, van acumulando conocimientos y por otro lado van –pues son animales– experimentando cambios biológicos de crecimiento y envejecimiento... Se trasladan de lugar y cambian sus relaciones con el mundo exterior, sus gustos y sus emociones... Pero todos esos cambios, ese flujo aparentemente caótico e inasible, en realidad acaece sobre un sustrato estable y perenne: la naturaleza humana.

Empezamos redescubriendo que el humano es un ser vivo, de lo que se desprende –por pura lógica– que tiene una tendencia natural a la autoconservación individual y a reproducirse como especie. Seguimos luego redescubriendo que el humano, además de ser un viviente pertenece al Reino Animal, de lo cual se infiere (entre otras cosas) que tenemos propiamente sensibilidad, emociones e impulsos corporales.
Ahora, avanzando un poco más, confirmando, afinando y perfeccionando nuestro concepto primario, sabemos algo que suena de nuevo a perogrullada: somos animales racionales. Eso lo deducimos de sus actos (en particular del lenguaje que obviamente utiliza, entre otras cosas, para transmitir conceptos a otros humanos).
Es natural seguir preguntándonos: ¿Hay una diferencia real entre el lenguaje humano por una parte y los graznidos, aullidos y sonidos animales por la otra? ¿De haberlas, cuáles son las relaciones entre el lenguaje y la racionalidad humana? ¿En qué consiste la racionalidad humana? ¿Cuáles son sus características propias? ¿Qué implicaciones tiene en relación a su característica de animal? ¿Cómo se relacionan nuestras emociones e impulsos corporales con nuestra racionalidad?




































