
Publicado por JC Conde de Orgaz el 5 de octubre de 2008
Ahora que estamos en plena época de Adviento, escuchábamos en un artículo anterior la parte del Credo que expresa la fe en el misterio cristiano de la Encarnación, en la versión homofónica del gregoriano Credo III para la Missa de Angelis. La melodía era sencilla aunque augusta, y perennemente fácil de cantar. De hecho, el canto gregoriano fue diseñado precisamente para que los faltos de instrucción en música pudieran participar fácilmente en los actos litúrgicos.
Pero el que hubiese versiones gregorianas (sencillas) de los cantos litúrgicos, no sólo no disuadió, sino alentó a muchos músicos a hacer versiones musicalizadas más complejas de las mismas oraciones.
La polifonía y Guillermo de Machaut
Hoy escucharemos la versión del incarnatus de Guillermo de Machault, un músico francés del siglo XIV. Guillermo de Machaut fue un prolífico poeta, escritor y músico cuya producción marcó definitivamente el arte de la Cristiandad durante varias décadas. La homofonía (una sola melodía fácilmente tarareable) predominaba en la música sacra y en la mundana, probablemente por cierto apego a formas estéticas romanas clásicas.

Dijimos en ese mismo artículo que la técnica musical que permite que una polifonía suene bien se llama contrapunto y dijimos que (500 años después de su creación), Johann Sebastian Bach llevó en el siglo XVIII al contrapunto a sus más perfectas e insuperables consecuencias.
Guillermo de Machaut (quien al igual que el célebre músico Antonio Vivaldi, era clérigo) sirvió a muchos representantes de la Alta Aristocracia quienes hacían las veces de sus mecenas.
La gran mortandad

En muchísimas ciudades, las vidas de las tres cuartas partes de los pobladores fueron segadas. Ricos o pobres, clérigos y laicos, sabios e ignorantes... la Peste no hizo acepción de personas. Nadie sabía por qué ocurría, era una guerra sin gloria y sin ejércitos y una batalla sin enemigo visible.
Ni siquiera las masacres de las Guerras Mundiales se equiparan a la mortandad relativa que la Peste Negra causó en Occidente. Y a lo monstruoso de sus dimensiones hay que añadir el pavor que producía el no saber nada de nada de lo que ocurría. Los conocimientos médicos no alcanzaban a prevenir ni a curar la enfermedad y los médicos caían como moscas al igual que sus pacientes.
Ockham: el destructor

Para el cumplimiento de estas metas, Guillermo de Ockham se refugió bajo las faldas de los poderosos de la tierra diciéndole al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico:
“O imperator, defende me gladio et ego defendam te verbo”
“Oh emperador, defiendeme con tu espada y yo te defenderé con mi elocuencia”
Continuará...






