Esta es la décima parte de una serie sobre Antropología filosófica desde la perspectiva de la Filosofía Clásica (philosophia perennis) cuya primera parte pueden leer aquí, su segunda aquí, su tercera aquí, su cuarta aquí, su quinta aquí, su sexta aquí, su séptima aquí, su octava aquí, y su novena aquí.
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“...Veamos en los próximos artículos algunas características propias (...) de la Voluntad-Libre Albedrío (...), fundamentales para nuestro estudio de la naturaleza humana.”
Ya vimos en la parte VIII de esta serie cómo, además de un principio inmaterial intelectivo que nos permite pensar, entender, razonar... el homo sapiens está dotado también de un principio inmaterial volitivo que le permite decidir, actuar, moverse. En el artículo previo vimos cómo y por qué el objeto propio del primero (del intelecto, de la racionalidad) es la verdad. Es decir que la racionalidad, lo que nos hace específicamente humanos, tiene como propósito alcanzar la Verdad.

Un ejemplo de cambio sustancial
Cuando los chunches (los entes) actúan (se mueven, cambian), cuando se da el flujo natural del “río heracliano” en los bolados concretos, no asistimos a un caos incomprensible, como algunos han pensado: es posible analizarlo y encontrarle razón.
Pongamos un ejemplo: el cigarrillo que me voy a fumar a partir de este momento. Al principio es un tubito de papel con deliciosas hierbas en su interior. Lo enciendo y empieza a transformarse, a cambiar, a quemarse, desprendiendo más de 75,000 esencias (todas ellas altamente exquisitas). La brasa van consumiéndolo paulatinamente, convirtiendo lo que era papel y tabaco en humo y cenizas hasta que no queda nada del original cigarrillo. Todo fluyó. Estamos ante un cambio sustancial: una materia que potencialmente puede adquirir ciertas estructuras (formas les llama la filosofía clásica) pasa de tener una estructura compuesta determinada (cigarrillo) a descomponerse en otras estructuras distintas: gases por un lado y cenizas (potasio, calcio, magnesio y otros minerales...) por el otro.

Éstas últimas cualidades, modos de ser, características y perfecciones de la materia subyacente, siempre fueron una posibilidad real (potencia, le llama la philosophia perennis) de la materia de mi cigarrillo. Es decir, mi cigarrillo, en potencia, podía llegar a ser gases y ceniza, pero en acto era cigarrillo. A lo que asistimos fue a un paso de la potencia al acto: al cambio, al movimiento, en este caso, sustancial.
Un ejemplo de cambio accidental
Pero mi cigarrillo (sólo me lo sospecho) no pudo haberse transformado en un gato (por ejemplo). Y eso por la sencilla razón de que la materia subyacente al cigarrillo, por razones de estructura, no tiene esa posibilidad real. Un cigarrillo es gases y ceniza en potencia, pero no es gato NI EN POTENCIA. La lección de esto es que no todas las cosas tienen infinitas potencialidades sino sólo aquellas disponibles para su naturaleza. La filosofía clásica, retomando esta observación, dice: operatio sequitur esse, la operación sigue al ser.
Veamos un segundo y último ejemplo: estoy sentado frente a mi escritorio escribiendo en una computadora portátil y de pronto quiero producir un cambio, un flujo, un movimiento en mis características actuales. El cambio que quiero producir es beberme un Whisky sin levantarme de mi asiento en este preciso momento (el Whisky está en una alejadísima alacena y no hay nadie más que yo en mi oficina). Es claro que –a diferencia del cambio experimentado por el cigarrillo que me acabo de fumar– estaríamos, en este caso, en presencia de un cambio –no sustancial– sino accidental (accidente en el sentido de que no afecta mi esencia, no voy prenderme fuego, pues).

Ya de regreso en mi asiento con el Whisky y vaso respectivo, habré operado una serie de cambios, de movimientos que, ni para la botella, ni para el Whisky, ni para el vaso, ni para mí, ha sido un cambio de esencia sino sólo de accidentes (básicamente fue un cambio de lugares y de relación). Debajo de los cambios accidentales que se dieron, subyacieron intangibles las sustancias de todos los bolados involucrados (Botella, Whisky, vaso y yo).
El movimiento: pérdida y adquisición de ser
O sea que los cambios, los movimientos, algunos de ellos activados por la voluntad humana, son el paso de la potencia al acto y éstos pueden ser sustanciales o accidentales.
En todo caso, es relevante para nuestra serie darnos cuenta que el movimiento, el cambio (y en este caso el movimiento generado por la voluntad humana también) se resuelve en la pérdida de perfecciones (modos de ser) determinados y en la adquisición de perfecciones (modos de ser) que al principio no se tenían. Esto vale tanto para los cambios cuantitativos o cualitativos
Pasemos entonces a ver cuál, desde estos principios, es el objeto propio de la voluntad-libre-albedrío.
Continuará...





















