Esta es la sexta parte de una serie sobre Antropología filosófica desde la perspectiva de la Filosofía Clásica cuya primera parte pueden leer aquí. su segunda aquí, su tercera aquí, su cuarta aquí y su quinta aquí.
Por las razones derivadas de la estrechísima unión entre el carácter racional del humano y su lenguaje y que apuntábamos en el artículo anterior, sabemos que un ser humano que hipotéticamente crezca en absoluto aislamiento de otros humanos nunca aprenderá a hablar, y en consecuencia, no desarrollará su potencial racional. Sólo se puede ser actual y plenamente racional con la compañía y ayuda de otros humanos.
Sociabilidad y Lenguaje


La sociabilidad y los ruidos que emiten los humanos entonces se diferencian sustancialmente de la manada y de los aullidos de otros animales, pues se fundan en (y surgen de) el principio intelectivo de su naturaleza racional. Es decir, no gruñimos para expresar reactivamente sólo sentimientos corporales sino también para significar conceptos universales y raciocinios que articulamos y compartimos con otros. Y eso es signo indiscutible que –además de diferenciarnos de los demás animales– somos superiores.
Principio intelectivo inmaterial y sensibilidad corporal
Por eso es que no nos asociamos sólo por instinto, sino que lo hacemos sobre una base racional. Tenemos la facultad de pensar nuestras relaciones sociales y de deliberarlas.

Ese principio inmaterial intelectivo es lo que en la philosophia perennis se ha llamado con el término Alma (y que –insisto– no es ningún “fantasmita”), término que la tradición judeo cristiana ha hecho suya. La palabra Alma, entonces, hace referencia (significa) esa realidad inmaterial intelectiva que –junto con su corporeidad material puramente animal– constituye propiamente al ser humano.
Lo anterior es importante: Los cuerpos materiales de los humanos forman parte de su identidad individual y de su propia conciencia de existir, tanto como sus principios inmateriales intelectivos. El alma racional inmaterial y el cuerpo material son co-principios de una misma identidad humana. Así que –ya que ambos configuran a los humanos– ambos (alma racional y cuerpo material) son respetables, aún cuando por las deducciones lógicas que hemos hecho arriba es indudable que el principio intelectivo inmaterial es superior al sensible-corporal-material.
Nuestra racionalidad no es accesoria, es sustancial

Es por esta razón que nuestra operaciones propiamente corporales, comunes a todos los seres vivos o a los animales, no deben entenderse al margen de nuestra racionalidad: somos una unidad completamente integrada. Comemos como otros animales pero lo podemos hacer racionalmente; defecamos y orinamos como otros seres vivos, pero en nuestro caso (el de los humanos) no podemos entenderlo al margen de la posibilidad de hacerlo de modo racional (es decir, superior). Todo el conjunto armónico de nuestras facultades sensoriales y corporales (que son comunes al Reino Animal y a algunos seres vivos) están supeditadas a nuestra facultad intelectiva, de lo contrario no seríamos humanos.
Por su propia naturaleza el humano somete a la rectoría de la razón el resto de sus facultades
Dos corolarios, por ejemplo, del hecho de que somos seres vivos –la autoconservación individual y colectiva (manifestada ésta última en la reproducción biológica)– también están supeditados al ejercicio de nuestra razón, de lo contrario no seríamos humanos. No nos autoconservamos de cualquier modo, ni nos reproducimos de cualquier modo, estamos por naturaleza llamados a autoconservarnos y reproducirnos de modo humano, racional, solidario.
Como somos una unidad completamente integrada por alma racional y cuerpo, deben descartarse por ajenos a la naturaleza humana rectamente entendida cualquier dualismo que niegue la unidad de la racionalidad y la emotividad sensible. Tanto el alma como el cuerpo (la razón y las emociones) son buenos para el ser humano, convenientes a su naturaleza y eso es perfectamente compatible con entender la primacía y superioridad de la razón.
Hablaremos con más detalle sobre la supremacía de la racionalidad sobre nuestras emociones y nuestra sensibilidad en la siguiente parte de esta serie.
Continuará...




















