En mi último artículo dije que una argumentación del Caballo X era absolutamente correcta. La argumentación del Caballo X a la que yo me referí daba por válido el proyecto del Arzobispo de San Salvador de proponer una reforma constitucional que cortara de tajo la posibilidad de que una mayoría legislativa ocasional pudiera eventualmente equiparar jurídicamente las uniones sexuales más o menos estables de personas del mismo sexo con la institucionalidad del matrimonio. La argumentación del Caballo X hacía descansar tal validez en la Ley Natural. Y yo –repito– dije que eso era absolutamente correcto.
Alberto Chávez Guatemala, un eximio amigo de La Terminal (y apreciado amigo personal mío) y con quien hemos tenido intercambios y debates de ideas en torno a diversos temas entre los que cuento la Yihad, la Guerra Justa y otros..., opinó lo siguiente:
-
"Y absolutamente correcto."
-
Hmmmm.... mangos, eso ni de broma, pero cada quien es libre de pensar lo que le ronque su santísima y regalada gana. El que sea antibíblico, pff, el que sea antinatural, depende en definitiva de tu concepto de lo que es natural, sobre todo si a lo natural se le confunde con lo "socialmente aceptado", lo que es,de hecho, obscenamente diferente.
-
Como sea, ni te he de cambiar tu opinión, ni has de cambiar la mía, my friend.
-
Saludos
Empiezo por el final (citando a Alberto siempre en verde):
-
“... ni te he de cambiar tu opinión, ni has de cambiar la mía...”

“...es obligación estar dispuesto a la contradicción...”
No sé si habrá personas que consideran virtud ser obsecados y necios pero yo (siéndolo a veces) reconozco en esos hábitos defectos y vicios, y trato (no siempre con éxito) de quitármelos. Si no considerara siempre en mis conversaciones la posibilidad de no tener yo la razón, este blog no tendría razón de ser (sobre todo con un colaborador como Sam con el que disentimos con bastante frecuencia).

-
“El otro aspecto, la disputatio, argumentar en público implica —además del momento positivo de la reflexión— la aceptación del juicio de los otros. Cuando en una deliberación se emite una opinión es obligación estar dispuesto a la contradicción. Se trata de una capacidad analítica que impulsa a la personalidad hacia su realización en el espacio colectivo. Hay pues en esto una verdadera coordinación entre lo individual y lo colectivo. El intercambio de argumentos, de puntos de vistas, de opciones, en el que no existe desnivel en su toma en cuenta, en el que la nivelación no es simplemente la superación de oposiciones, sino que también la aceptación razonada de las mejores opciones. Ambos aspectos de este raciocinio crítico son fundamentales para la creación de la democracia de un nuevo tipo. Se trata de una nueva cultura que hay que cultivar desde la escuela, enseñar a los jóvenes a no contentarse con la verdad aparente, a aprender a cuestionar lo que se presenta como evidencia y a buscar más allá de la apariencia los caminos que conducen al descubrimiento de la verdad.”
-
Carlos Ábrego en su artículo “Sueño con ágoras salvadoreñas”

Pero no es imposible.
Pasemos al punto de Alberto.
Decía:
-
“Y absolutamente correcto."
-
Hmmmm.... mangos, eso ni de broma,
¿Ni de broma? Tal vez... Pero ¿Por qué? Traté de buscar una respuesta en el artículo que Alberto escribió en su blog hace unos días (La "Normalidad" que intriga) y en el que se refiere a este tema pero no la encontré.

El artículo de Alberto tiene 10 párrafos. Los dos primeros son introductorios al tema. El tercero plantea la questio de la disputatio: ¿qué es un matrimonio normal? En realidad la interrogante que aborda Alberto es más profunda ¿Debe legislarse sobre el matrimonio tomando como criterio modélico lo que es socialmente usual? ¿Debe legislarse sobre el matrimonio basados en lo que es socialmente normal? ¿En lo que es Socialmente aceptable?
En los tres siguientes párrafos (cuarto, quinto y sexto), Alberto expone cómo hay ambientes en los que el alcoholismo, el machismo (entendido como educar a los hijos en la sumisión irracional de la mujer al hombre) y la violencia irracional del hombre hacia su pareja son comportamientos usuales, normales... Incluso: socialmente aceptados.
Remata Alberto en su artículo con la declaración siguiente:
-
“...Si es a esta normalidad, si es así... carajo, no quiero ser normal...”
En suma, la responsa es –según Alberto– que no puede legislarse, ni proponerse como pauta de comportamiento social actitudes, sólo porque sean “normales” usuales. o “socialmente aceptadas... Y no se puede porque... porque... No nos lo dice.
Y no nos lo dice pues los tres ejemplos que nos puso son lo suficientemente claros como para entenderlo (Alcoholismo, Machismo, Violencia en contra de la mujer). La razón por la que no se puede (sobre la que regresaré después) cae por su propio peso.
A continuación, en el octavo párrafo, que literalmente dice así:
-
Es en estos casos, precisamente en estos casos, en los que aquello de que "Todo es relativo" hace su entrada triunfal y sirve como la diva de la ópera (dicho de manera un tanto menos vulgar, "oyendo cantar a la mujer gorda"), para cerrar su puño en torno del frágil cuello de la tolerancia y la razón.

Y hasta aquí debo concederle totalmente la razón. Argüir que debe cortarse de tajo la posibilidad de que la institución jurídica del matrimonio pueda incluir parejas del mismo sexo NO PUEDE fundamentarse en el criterio de lo “usual” o de lo “normal” o de lo “socialmente aceptable”. Estoy con Alberto en ese punto.
Y estoy con Alberto en ese punto porque precisamente esa argumentación refuerza el hecho de que el esfuerzo de cabildeo del Arzobispo del que hablábamos ayer sí pueda fundamentarse en la noción de Ley Natural, como decía el Caballo X.
Estoy con Alberto en ese punto porque la Ley Natural no está basada en lo “usual”, en lo “normal” ni en lo “socialmente aceptable”. Es un rollo que nada que ver. Lo decía yo en un comentario previo:
-
“...[Una de las] dificultades (que) acarreamos (...) para comprender con sencillez esta perspectiva tan clara [es] el relativismo moral que nos hace decir -sin reflexionar de verdad- que cada quien hace con su culo florero o candelero...”
Y lo remachaba el Caballo X con esta reflexión:
-
“...El Orden Natural, no es complicado y nadie debería avergonzarse de sus convicciones. Muchos actúan [contrariando la Ley Natural] presionados por el deseo de "pertenecer" a la corriente o la mayoría...”
Efectivamente: la Ley Natural no está basada en lo que es popular, normal o “cool” en un ambiente específico. En el barrio de a la par es cool y socialmente aceptable andar con los calzoncillos de fuera... En el barrio del otro lado esas son culeradas y no es “socialmente aceptable”... Las percepciones sociales son absolutamente intrascendentes en esta discusión.






















